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Surten De Soita III
Bebé en pañales
Masculino Tauro Tigre
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Localización : En una isla

Capítulo 3: Estabilidad

el Sáb Jul 01, 2017 2:48 pm
Mi vida había empezado a llegar a un punto estable, y con ello aprendí a amar el día a día. La cocina seguía siendo mi pasión, y lo demostraba cada día proporcionándole a mi familia la comida que se merecían, la cual disfrutaban mucho.


A veces tenía mis bajones, sí, y era algo con lo que no podía luchar después de haberlo tenido tan arraigado dentro de mí durante tantos años, pero nunca perdía la verdadera felicidad, la que importaba, la que estaba ahí cuando volvía a casa del trabajo y veía a mi familia, y más aún las veces que tenía que comunicarles mis ascensos en mi carrera de cocina, entre ellos uno que llevaba ansiando mucho tiempo: Jefa de cátering.


Entre todas las cosas que hacía de mi vida aún más bonita, se encontraba la preciosa boda que tuve con mi ahora marido.


Y aunque no pudimos tener luna de miel, sí tuvimos noche de bodas, y fue una de las mejores noches de toda mi vida.


Por su parte, Diana intentaba hacer migas con la gente del pueblo, pero por desgracia no tuvo la suerte que había tenido yo con Pedro, y la gente la rechazaba únicamente por su color de piel. Pero si de algo estoy segura, es de que si yo conseguí seguir adelante, mi hija también podrá.


Claro que, como para todo adolescente, ver esas cosas no es fácil, lo cual le ocasionaba mucha insatisfacción consigo misma, así que pasaba gran parte de su tiempo libre trabajando duro para sentirse feliz consigo misma.


Pedro... Pedro intentaba cosas, las cuales no siempre le salían del todo bien, pero no se rendía. A veces incluso me obligaba a tumbarme en la cama y dejarle a él cocinar. La mayoría de esas veces tenía que obligarle a limpiar luego.


Y mis dos pequeños eran cada vez menos pequeños. Llegó el momento en el que Leland y Victoria llegaron a la adolescencia...




Aún me acuesto cada día pensando en mis hijos, en lo listos y guapos y prácticamente perfectos que son.


Económicamente, la familia se encontraba mejor de lo que habíamos estado nunca antes. Ya teníamos todo lo que una casa en condiciones necesitaba, entre los cuales se encontraba una habitación para cada uno de nuestros hijos, para que tuvieran su privacidad.


Leland había hecho amigos bastante rápido, siempre solía salir con este chico, Danny y se llevaban estupendamente.


Una cosa curiosa que me contó Leland sobre Danny, es que vivía con su hermana mayor, la cual no parecía muy apta para cuidar de una familia, y que al final del día era Danny el que evitaba que los dos acabaran siendo los dueños de un circo de cerdos o un centro de ayuda para monos alcohólicos.


Leland pasaba muchísimo tiempo con su amigo, hasta el punto en el que resultaba obvio lo que realmente estaba pasando.


Mentiría si dijera que no me importó en su momento, supongo que al fin y al cabo una madre nunca está realmente preparada para estas cosas, pero ver lo feliz que estaba con su novio me hizo darme cuenta de que lo que realmente importaba que es que los dos se querían.


Y entonces ocurrió. El día que mi hija mayor cumpliría la mayoría de edad.


El mismo día en el que ella, empeñada en prepararnos algo, logró quemar la ensalada.

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