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Surten De Soita III
Bebé en pañales
Masculino Tauro Tigre
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Localización : En una isla

Capítulo 8: Ariel

el Sáb Jul 01, 2017 2:55 pm
El tiempo pasó, y junto a él se fue el resto de mi adolescencia. Ocurrió una temporada sin cambios, sin mayores acontecimientos. Una época en la que parecía que todos nosotros nos dejábamos llevar por lo que ocurría.

Mamá y papá seguían felizmente casados, aunque podía empezar a notar que la rutina les estaba afectando de manera negativa.

Especialmente a mi madre, que había dejado su trabajo de escritora después de su último ascenso y se había hecho pintora. 

Kairo y yo estábamos ya en el último curso del instituto, y eso significaba ponerse las pilas... si no fuera porque los dos teníamos sobresalientes y podíamos permitirnoslo.

Siempre quedábamos todo el club de Los Cafeinómanos en nuestra cafetería favorita para tomar café y tener un tiempo tranquilo. Estaba orgullosa de lo que había creado, y cada vez más personas querían unirse.

Pero la verdad que lo que más disfrutaba era estar con mi novio, Lucas. Jamás había sentido por nadie lo que sentía por él.

Cierto día, mi madre se hartó de la rutina y dijo lo que llevaba tiempo queriendo:
—Vicente, estoy harta, quiero irme de vacaciones.

—Supongo que podríamos sacar un poco de los ahorros para irnos de escapada romántica rural... ¿qué te parece?

Y así fue como mis padres se fueron un fin de semana a Granite Falls.

Mientras que nosotros nos quedamos en casa... Y con ciertas ideas.
—Entonces, ¿a qué hora empieza la fiesta?
—Esta misma noche. Ponte guapo, habrá chicas.

Y tal vez no me hizo caso con lo de que se pusiera guapo, pero eso no evitó que ligara.
—Y entonces le dijo: ¡Pero si aquí no hay ningún gato! —Dijo él, intentando aguantarse la risa antes de que ella empezara a reirse a carcajadas.
—Ay, Kairo, eres graciosísimo.

Y rápidamente las cosas empezaron a a ponerse serias.

MUY serias.

Nada más terminó la fiesta, nos tocó recoger y arreglar los estropicios.

Aunque Kairo siempre interrumpía sus tareas para hablar con aquella chica por el móvil, aunque no siempre acababa con buen humor.

Fue cuando decidió ir a su casa que se enteró por qué.
—Escucha Kairo, lo de la otra noche fue divertido, pero... estaba borracha, y no pensaba con claridad. Eres menor de edad y lo que hicimos no es correcto. Lo siento mucho.

Mi hermano acabó destrozado y se vio enseguida que entró por la puerta.

Y por supuesto me tocó a mi intentar animarlo, aunque sin demasiados resultados.

Me preocupaba mi hermano, y Lucas lo notaba pues estaba siempre con la cabeza en otra parte.
—Deberías decirle que se venga, y podríamos presentarle a Hande, seguro que se llevarían bien.

Y así fue como los cuatro quedamos, y aunque mi hermano estaba un poco reacio al principio...

Finalmente acabó cogiendo soltura y se puso a hablar con Hande.

Y en un poco rato ya se llevaban estupendamente.

Después de ello decidimos irnos a un club nocturno a bailar y disfrutar de la música.

Aunque mi hermano poco disfrutó de la música y se centró más en la bebida. Al poco rato estaba tirado en el suelo mirando las estrellas con Hande.

—¡¡Ostras, mira, mira, mira!! ¡Esas estrellas forman un gato! ¡¡¡Oh dios mío la mejor noche del mundo!!!

Y al final acabó agotadísimo y no pudo evitar dormirse en medio de la discoteca. Todo un logro teniendo en cuenta el volumen de la música.

Claro que tanta fiesta al final le pasó factura. Se pasó el domingo entero con resaca.

Y tuvo que disimular mucho cuando papá y mamá volvieron de las vacaciones.

Días después llegó nuestro cumpleaños, en el que nos haríamos definitivamente adultos.


Y eso significaba conseguir trabajo. Siempre se me dio bien la gente, así que decidí que lo mío era estar de cara al público. Literalmente, pues me había unido a la profesión de artista de entretenimiento.

Y aunque realmente quería tirarme por la parte de comedia, también necesitaba conocimientos musicales en los primeros puestos.

Pero mi recién adquirido empleo no significaba que no tenía tiempo libre para estar con Lucas, del que cada vez estaba más enamorada.

Y finalmente di el salto para que se casara conmigo.

Si tan sólo hubiera sabido que estaba en contra del matrimonio...

Acabé completamente destrozada. El amor de mi vida me había rechazado.

Así que me fui a casa y me escondí de todo el mundo, intentando olvidar el bochorno que pasé con él.

Mi hermano intentó animarme, igual que lo hice yo cuando estaba en la misma situación.

Y, a pesar del mal rato que había pasado, allí estaba él, en la puerta de mi casa al día siguiente.

—Lluvia, lo siento muchísimo, de verdad, y te quiero. Te amo, de hecho, pero... No me gusta el matrimonio: el amor se demuestra día a día, y no con un documento que cada vez tiene menos significado.

Y tal vez fui una tonta, pero estaba completamente enamorada de él. Me había roto el corazón, pero parecía realmente interesado en volver a montarmelo, y le dejé.

Y pasamos una temporada maravillosa. Lucas se mudó conmigo, y pasábamos todo el tiempo juntos. Lo cual trajo consecuencias.
—Cariño, estoy embarazada.
—¡Oh dios mío! ¿¡Es en serio!?

—Sí, es en serio.
—¡OH DIOS MÍO! ¡Qué feliz me haces!

Pero la noticia de una nueva vida que se iba a unir a la familia se vio eclipsada por una vida que se iba. A papá le había llegado la hora.

Estaba en el pasillo cuando escuché una caída, y fui corriendo a ver qué había pasado. Mi padre.
Con él, el cementerio familiar quedaba ampliado y ya eran tres las tumbas.

Todos estábamos trastocados por la noticia, y lo peor fue para Kairo que tuvo que ir a su primer día de trabajo de escritor recién conocedor de la noticia.

A mi por mi parte la tristeza me permitía centrarme en la música, pero no me servía para nada en la comedia.

Con el tiempo, mi barriga empezó a notarse, pero me había decidido a no saber el sexo del bebé hasta que naciera.

Lucas estaba encantado con su futuro hijo, y no podía apartar las manos de él.

Y finalmente llegó el día en el que rompí aguas.

Fuimos corriendo hasta el hospital, y allí nació Ariel, una preciosa niña igualita al padre.

Pero no tardé en volver a recibir otra noticia.
—Cariño, ¡vuelvo a estar embarazada!


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