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Matotty
Bebé en pañales
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Fecha de inscripción : 16/12/2017
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Localización : Santiago, Chile

PRÓLOGO

el Lun Dic 18, 2017 3:42 am
Reputación del mensaje :100% (2 votos)

Spoiler:

Una noche como cualquiera, o así se suponía.
Este hombre que ven aquí soy yo, Vicenzo Monteforte. Probablemente ya se hayan dado cuenta por mi apariencia y nombre, que nací en Italia. Hace poco tiempo atrás, unos dos años aproximados, me mudé al continente para oportunidades de trabajo y ganar dinero de una u otra manera. Gané un puesto dentro de la carrera de medicina, y realmente no está tan mal como para empezar una vida nueva y formar una hermosa familia en este lado del condado de SimCity. Siempre que salía de mi trabajo aprovechaba de ganar un poco de dinero haciendo otras actividades que me gustaban.


Me gustaba jugar cartas – ya saben, póker… entre otros – y apostar, pero había un problema, específicamente, conmigo. En las veces que tenía mala suerte en estos juegos, me hacía el tonto. Jugaba y jugaba, pero “nunca tenía el dinero suficiente para pagarles”. Esto quedó en muchas deudas de gente furiosa proveniente del centro, pero afortunadamente casi nunca me tocaba verlos después de jugar.
En esa noche, ni siquiera tenía idea alguna de que iba a suceder un acontecimiento que me cambiaría la vida por completo, pero, ya saben, toda acción tiene una consecuencia. Pero no esperaba que la consecuencia fuese algo de gran impacto, ¿saben? Tampoco esperaba que me arruinara la poca vida que llevaba antes aquí en el centro urbano.


¿Qué pasó? Bueno, es una corta historia, pero les juro con el alma que fue uno de los sucesos más importantes de toda mi vida. Y todo comenzó por una dama con la que parecía no tener malas intenciones, ¿o es mi problema de confiar rápidamente en la gente?
Comenzó en una de mis noches de juego, la que sería la última de todas.
Estaba terminando de jugar mi partida de póker, en la que volví a perder. Le dije una frase que probablemente ya todos pensarán que yo era con tan sólo mencionarla.

— Vaya… parece que no tengo dinero ahora. Mira, nos reunimos acá mañana a la misma hora y te lo pago, ¿capito? —

Pero eso nunca sucedía, miles de promesas vacías se hicieron con aquella frase.
Al pararme, sentí que alguien me miraba fijamente, como si me estuviese mirando en el lugar por más de diez minutos. Me di la vuelta, y ahí estaba. Una dama que, al parecer, aparentaba más edad que la mía. Tengo treinta y un años, por cierto. A ella se le notaban unos cincuenta, sin ofender, por más que hubiera querido hacerlo.


— Buenas noches, ¿usted es Monteforte, no? —
— El mismo. Di cosa hai bisogno?
— ¿Podría hablar con usted en privado afuera? En este lugar hay mucho bullicio. —
Certo, perché no?

Yo ya estaba seguro de que no me entendía e intentaba ignorar aquellas palabras de mi idioma natal que probablemente desconocía. Pero claro, después me enteré que entendía completamente, ya sabrán ustedes el por qué.


Ambos salimos del lugar, aunque no sabía por qué, pero me preguntaba cosas tan fuera de lugar, no como pensé que iría al grano directamente.
— ¿Usted es italiano, verdad? Lo noto por su acento peculiar. —
Ovviamente. ¿Le habrán contado sobre mí, de casualidad? —
— Claro, ¿le gusta apostar, verdad? —
Y allí comencé a sospechar. Me dirán perseguido, pero no mucha gente me conocía y menos sabían que pasaba timando a los demás en casinos. En mi mente, me dije que podría ser una de las personas que estaba dispuesta a cobrarme de esa manera tan descarada.


— A ver, lo que sea que te hayan contado es falso. ¡Me gusta apostar, ¿e cosa ti importa?!  ¡No tengo deudas con nadie de este lugar! ¡Así que simplemente puedes ir y molestar a otra persona que veas por allí para cobrarle, ¡porque yo no soy aquel! ¡Se perdo, pago! ¡No como otras ratas! —


— Veamos, Monteforte. Hablemos como la gente civilizada, no hay nada por el qué alarmarse. Sólo quería saber. —
— Y ahora ya sabes, cosa vuoi ora? No quiero seguir perdiendo el tiempo contigo. —
— Discúlpeme, pero yo no le he faltado ninguna vez el… —
Rispetto?! RISPETTO?! ¡Ya me has faltado el respeto desde el momento en el que comenzaste a hablarme sobre que yo estafo a la gente! Fermati ora! —



— Immagino che tu non possa parlare alle persone quando si tratta di caricare…! —
— ¡Ah, ahora resulta que hablas mi idioma! Dime, ¿para qué me trajiste aquí? No recuerdo haber visto tu cara en ningún juego mío. ¡¿Quién te mandó a cobrarme?! ¡Dime! —
— La Cosa Nostra. Todavía no le has pagado a uno de nuestros mayores cargos encubiertos por estos lugares y están muy molestos. —
En ese momento me quedé helado. La Cosa Nostra era una de las mafias más peligrosas – según me habían contado en los bares – de todo Estados Unidos. Se decía que seguían activos incluso después del atentado de 1992, donde falleció el juez Giovanni Falcone. Fue el mismo momento donde me di cuenta que me metí en un gran lío.
— Ahora ya sabes, más te vale buscar una forma de pagarnos el dinero que nos debes, o pagarás con la vida y de tus familiares. Capito? —
— …capito. —


Cuando estaba dispuesto a huir de aquella mujer – no pensaba en seguir escuchándola, mi mente estaba hecha un desastre con el simple hecho de tener deudas con las mafias más peligrosas del país – al terminar la conversación, me detuvo.
Aspetta, ho ancora qualcosa da dirti.


Al voltearme y antes que pudiera si quiera hablar…
Sogni d’oro, Monteforte.
— ¿Eh? —



— ¡…! —


Y todo fue a negro.

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