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Surten De Soita III
Bebé en pañales
Masculino Tauro Tigre
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Localización : En una isla

Capítulo 20: Siete

el Vie Jun 30, 2017 4:14 pm
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Solo un poco después de la boda de Adel y David llegó la noticia que todos sabíamos que llegaría. Estaba esperando a un mocoso.


Lo que causaba una serie de antojos como las ganas irrefrenables de cenar cereales.


Aunque no era Adel la única que hacía locuras por culpa del niño que estaba por venir. El padre tenía tantas cosas en la cabeza que acababa haciendo cosas rarísimas, como ponerse a hacer ejercicio en mallas fuera en el momento en el que el sol está en el momento más alto. Se salvó de milagro, porque casi le da una insolación.



Por suerte las locuras no duraron mucho, pues el bebé ya llegaba.



Y así nació Kalea, la hija de Adel, con los ojos negros ya característicos de la familia.


Toda la familia estaba encantada con la pequeña, aunque algunos más que otros.


El más receloso era Arfen, que se había visto obligado a compartir habitación con su sobrina hasta que las reformas del piso de arriba estuvieran acabadas. No puedo evitar sentir pena por él, un alienigena con una mente potencialmente superior, teniendo que compartir habitación con una niña cuya cabeza sólo es capaz de procesar el deseo de comida.



Aunque si digo la verdad, los genes alienígenas parecían estar latentes en su cabeza. Lo único que hacía todo el día era mirar la tele junto a Caqui.



La verdad era un momento difícil para la especie de los SiMarcianos en este planeta, pues una de las grandes hazañas de la especie, un robot con conciencia propia... se tenía que encargar de alimentar y cambiar los pañales de un bebé. ¿Nadie más ve dónde está el problema?



Y eso mientras la madre se tomaba su tiempo tranquila junto a la piscina, que había sido recién renovada.


Los cambios en la casa se notaban, especialmente con la preocupación de David sobre las energías renovables. Si quería llegar alto en su carrera tendría que ganarse al pueblo, y el pueblo estaba sediento de electricidad causada por la naturaleza. Si tengo que ser sincero, esta tecnología estaría totalmente obsoleta en mi planeta natal, pero por lo menos van por buen camino.





Aunque no era David el único que estaba a punto de conseguir un puesto importante en política, pues un día llegó Adel, confirmando la noticia de que ahora era ministra de educación.



Y no tardó en seguirle con las buenas noticias David, el nuevo alcalde de Las Rarezas.



Y como ambos trabajaban en el parlamento, se subían juntos al coche para ir a trabajar.



El tiempo pasó muy deprisa, hasta el punto en el que tocaba que Kalea cumpliera años, que alegró la casa por completo.



Excepto al pobre Caqui que no paraba de desear que le sacaran a esa niña de encima.



Aunque nada podía ser tan bonito, y como era de esperar, en cuanto Kalea cumplió años, la madre ya estaba otra vez mostrando barriga.



Así que aprovechando la baja por embarazo, le enseñó a Kalea todas las cosas básicas, como caminar y usar el orinal.



Y no tardó en dar sus primeros pasos.



Y tan rápido como se volvió una infante, se convirtió en niña. Qué rápido pasa el tiempo.



Una niña en uno de los años más molestos de su existencia, y otro más en camino. La verdad es que esa manía de todos los seres vivos a tener más de un hijo no tiene explicación para mí. La especie ya está salvada, no hace falta contribuir al aumento de la superpoblación.



Aún así parece que soy el único que lo veía de esa forma, pues David estaba encantado con esa "criaturita" que estaba a punto de llegar, pero que hasta entonces tenía que estar dentro del "amor de su vida". Sinceramente, los sims me dan asco. Uno pensaría que después de cinco generaciones en la tierra me habría acostumbrado a sus hormonas, su manía de tener sentimientos y su terrible sentido del humor, que al parecer no era lo suficientemente bueno para entender mi ingenioso humor alienígena.



El caso es que ninguno de ellos se interesaba por el colmo de un Ghuj, o qué le dice un Fargen a otro. A ellos sólo les importaba la criatura que estaba a punto de nacer. Por suerte no tuve que esperar mucho para que se acabara el embarazo y pudiéramos volver a las cosas realmente importantes.


Así fue como nació Keela, la pequeña de la casa.



Pero por mucho que uno quiera dejar de pensar en un bebé y centrarse en lo importante, la mente humana siempre va a lo mismo. Adel no podía hacer otra cosa que estar con la cría, para "fortalecer el vínculo madre e hija", independientemente de las veces que le decía que eso era una tontería.



Al menos la mayor parecía no dar muchos problemas. Ya de muy pequeña se había visto interesada en las plantas de Rk —de las que previamente se encargaba Geila—, pero una vez había crecido un poco más, decidió pedirle que le enseñara a cuidarlas, así que juntos se encargaban de trabajar en las plantas.
Mejor eso que estar molestando continuamente.


Pero claro, yo sabía que no podía estar continuamente en el huerto, y que tarde o temprano acabaría molestando. Y seguramente sería por las mañanas, cuando Rk tenía otras cosas de las que encargarse y no podría estar con ella. Afortunadamente, a esas horas del día, Kaela y Arfen tenían los dos clase y me dejaban en paz un rato más.



El que también estaba a punto de dejarnos en paz, pero para siempre, era el perro de la familia, al que los años empezaban a pasarle factura, y cada vez le costaba levantarse más de la cama. Por suerte, no estaba enfermo, lo que supondría que moriría de manera pacífica.


Y finalmente llegó el cumpleaños de Arfen, que por fin alcanzaba la edad adulta, cosa que supondría un punto y aparte. Se acababan las hormonas, los enamoramientos, las horas encerrado en el cuarto haciendo vete a saber qué... Por suerte todo eso se acababa y empezaba la etapa de madurez, de pensar en el futuro.



Y también le tocó soplar las velas a la más pequeña, que finalmente podría empezar a valerse un poco más por sí sola.



Aunque eso significara tener que enseñarle todo antes, como hablar, caminar y usar el retrete.



Y entonces llegó el fatídico día en el que alguien más nos tendría que dejar. Sey nos decía adiós para siempre, y se añadía su tumba al cementerio familiar.





Ello dejó completamente destrozado a sus hijos, especialmente a Arfen, que no solo había perdido a su padre sino a su mejor amigo.



Pero la frustración y el malestar al menos resultó ser útil, pues eso le había hecho dedicarse con más ímpetu en su carrera, y finalmente le dieron el uniforme de policía, aunque todos sabíamos que ese no sería el final.



La menor crecía con rapidez, en un pis pas aprendió a hacer las tres cosas básicas, y ya podía caminar ella sola al orinal, y luego informarnos de su hazaña con claridad y precisión. A veces demasiada claridad y precisión.


La rapidez de crecimiento se hizo muy clara también cuando en un abrir y cerrar de boca, la niña dejaba de ser un infante y se convertía en una niña.





Y luego le tocó el turno a la mayor, que se metía de lleno en la edad de las hormonas y la baja autoestima.





Finalmente, llegó el momento de decirle adiós a Caqui, al que desgraciadamente le había llegado la hora. Justo cuando finalmente había aprendido a hacer sus necesidades afuera.



~~~~~~

Tyna: Bueno, pues hemos llegado. Aún no sé cómo has conseguido convencerme de esto.



Uno: Pues con buenos argumentos, por supuesto. Vamos, no tenemos tiempo que perder.






Uno: Voy a pedir habitación y cuando la tengamos podremos hablar con más tranquilidad.



Tyna: ¿Me vas a explicar ahora la verdadera razón de que estemos aquí? No sé qué tiene que ver la Aldea Takemizu con Kara y mi familia.
Uno: Aquí se esconde Siete, un antiguo compañero mío y de tu padre, tu padre biológico. Hace muchísimo tiempo descubrió la manera de vencer a Kara, pero por alguna razón nunca fue capaz de llevarla a cabo, así que tuvo que huir antes de que Kara le matara. He oído que se vino a la Tierra y se camufló como humano. Curiosamente en esta misma aldea vive un anciano muy sabio que según los aldeanos "es inmortal y lleva aquí desde el principio", lo cual concuerda con la larga esperanza de vida de nuestra especie. Si nos ponemos en contacto con él, podremos vencer a Kara, tú liberarás a tu familia y yo me haré con su poder. Todos ganamos.



Tyna: Entonces pongámonos manos a la obra



Después de estar varias horas preguntándole a los aldeanos, Tyna y Uno llegaron a lo que la gente llamaba La Pagoda de las Sombras.




Siete: Vaya, Uno... no esperaba verte aquí tan pronto.



Uno: ¿Me esperabas?
Siete: Llevo tres siglos esperándote. Sabía que tarde o temprano ibas a aparecer, ya sea para poder quedar bien con tu reina o para enmendar tus errores y acabar con ella.
Uno: Pues tenías razón. Del segundo caso. Se dice que tú sabes cómo acabar con ella.
Siete: Así es.
Tyna: ¿Puedes compartir esa información con nosotros?
Siete: ... Vaya, definitivamente has heredado la impaciencia de tu madre. No me mires así, sabría reconocer los rasgos de esa harpía a tres planetas de aquí.
Kara está aquí, ¿verdad? Lo puedo sentir. 
Uno: Así es.
Siete: Ya es coincidencia que venga justamente al planeta en el que estoy yo.
Uno: Fue cosa de Seis, al huir de ella su nave se estrelló en este planeta.
Siete: No me importa quién tiene la culpa. La cosa es que vuelve a ser una amenaza. Así que sí, compartiré con vosotros la manera de vencerla. Y después os largaréis de aquí y me dejaréis en paz para vivir los siglos que me quedan.


Tyna: ¡No me puedo creer que finalmente hayamos descubierto la manera!
Uno: Juntos podremos acabar con ella.
Tyna: Qué feliz soy...







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