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Surten De Soita III
Bebé en pañales
Masculino Tauro Tigre
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Capítulo 6: No todo es color de rosa

el Sáb Jul 01, 2017 2:53 pm
Mis dos hijos, Kairo y Lluvia ya estaban en el mundo, ambos una completa belleza.

Toda la familia los adoraba, eran el alma de la casa.


Papá, que seguía con mucho tiempo libre, adoraba cuidar de los niños.

Poco después del nacimiento de los niños, Leland nos dio la noticia de que se mudaba con su novio.

Pero a pesar de que ya se nos habían mudado dos, la casa seguía llena, más que nada por esas dos criaturitas.

Mamá tenía que traer el dinero a casa, pero ya no era la única, pues yo había conseguido un trabajo relacionado con la escritura.

Nada la desanimaba, volvía agotada del trabajo pero siempre decía que no tenía ninguna intención de jubilarse: estaba ganando renombre en el mundo de la cocina, y no pensaba parar.

Yo seguía publicando mis libros, el último de ellos, una recopilación de cuentos para irse a dormir llamada "Buenas noches, noche".

-Hoy Kairo ha tosido.
-¿Ahá?
-Creo que puede haberse puesto enfermo.
-Solo ha sido un tosido.
-Nunca lo había hecho.
-Ni lo ha vuelto a hacer después. No te vuelvas paranoica.

Vicente era maravilloso, pero tengo que admitir que no le daba toda la atención a nuestros hijos que me habría gustado. Se pasaba la tarde mirando los deportes en la tele o entrenando.

Aunque le vino bien, porque pronto consiguió un ascenso en su trabajo.
Mis padres estaban más cariñosos que nunca, tal vez porque pueden sentir que les llega la hora y quieren aprovechar sus últimos días... No sé qué voy a hacer cuando no estén.

Las relaciones con mis hermanos no se habían visto afectadas por no vivir en la misma casa, incluso se podría decir que teníamos más contacto todavía ahora que no dábamos por sentado que estarían en la habitación de al lado.
Aunque a veces parecía que nunca se habían ido. Era muy común volver a casa y encontrárselos allí.
Y cuando no venían ellos a casa, íbamos nosotros, la mayor sorpresa fue con Victoria. Había conseguido junto a dos amigos una casa de muy buena calidad. Sin duda había nacido para los negocios.

Con el tiempo, mis dos pequeños crecieron.


Lluvia era súper cariñosa, sobretodo con su abuela a la que adoraba.

-¿Te había dicho alguna vez que mi color favorito es el azul?

-Algunos niños se meten conmigo por ser azul, pero yo les digo que me dan pena por ser de un color tan aburrido y entonces se callan. Claro que no lo digo de verdad porque mi hermano no es azul y él es genial. A veces me molesta un poco pero eso es porque somos demasiado parecidos, es como de la competencia.
Justamente, ambos eran muy perfeccionistas, intentaban dar siempre lo mejor de sí, lo que llevaba a que se picaran a menudo entre ellos.

Era común verles discutir incluso sobre quién se iba a dormir con más estilo (algo que obviamente ganaba Kairo porque era imposible tener un pijama más adorable)

-No, no, eso no tiene sentido. María tiene que acabar con León, pero León está con Ana, la cual está esperando al bebé de Javier.
-Qué complicada eres para las historias, Lluvia. ¿Por qué no hacemos que tengan un dinosaurio de mascota?
-¡Eso no es realista!

Eventualmente consiguieron amigos, y aunque seguían juntos gran parte del tiempo, pasaban más tiempo con sus propios amigos.

Lluvia había conseguido evitar lo que yo no había conseguido: nadie se metía con ella por su color de piel. Ella tenía bien claro que no era algo de lo que avergonzarse y no permitía que nadie le dijera nada negativo al respecto.
-¿Y cómo es que eres azul?
-No lo sé, pero me encanta. ¿A que es guay? Más gente debería ser azul, por eso pinté a unas cuantas de mis muñecas de azul. Mira esta.

Kairo lo tenía mucho más fácil, pero también salía siempre a defender a su hermana.
-Tu hermana es un poquito rarita.
-¡Cuidado con lo que dices de mi hermana!
-Vale, vale. Lo siento.

Aunque los tiempos felices se vieron interrumpidos por una cosa que todos sabíamos que iba a pasar, pero no esperábamos.
Lo peor es que fue mamá quien se lo encontró en el jardín, yendo a regar las plantas.

Pronto, toda la casa se enteró de lo ocurrido debido al grito que dio nada más lo vio.
Toda la casa sufrió la pérdida, pero sobretodo mamá, la cual pasó una noche horrible entre llantos.

Pero el golpe de gracia fue cuando, no conforme con llevarse a papá, la muerte volvió a por mamá.

Nadie en casa podía creérselo todavía. En tan solo veinticuatro horas habíamos perdido a dos. Al menos me consuela saber que, así como estuvieron juntos toda su vida, también lo estarán en la muerte.

Yo estaba realmente destrozada, pero al menos tenía a mis hijos para darnos ánimos mutuamente.


Después de la muerte de mamá, tuve que ponerme yo con el jardín. No iba a permitir que el jardín muriera con ella.

Y Lluvia por su parte tenía a su amigo Lucas para entretenerla y que no pensara demasiado en sus abuelos.

Juntos eran adorables.


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