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Surten De Soita III
Bebé en pañales
Masculino Tauro Tigre
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Localización : En una isla

Capítulo 10: Familia

el Sáb Jul 01, 2017 2:56 pm
La familia seguía igual de unida que siempre, y no podíamos pedir nada más de la vida.


Noah había añadido el violín a su lista de aficiones junto al baile, y aunque al principio le costaba hacer que sonara bien, al final acabó dando buenos resultados. La verdad es que fue muy duro, pero valió la pena para escucharle tocar.


Mamá había empezado a tomarse la vida con más calma. A mi me costaba muchísimo admitirlo, pero le quedaba poco, y ella lo sabía.


Las niñas, en cambio, tomaron una perspectiva totalmente diferente de la vida, y nunca paraban de moverse y jugar. Incluso cuando debían estar durmiendo nos las encontrábamos jugando en las barras paralelas.


Y los mayores tampoco perdíamos el tiempo. Mamá pintaba, Lucas siempre se traía trabajo de casa, y yo tenía que mejorar mi habilidad de guitarra hasta poder ascender y seguir la rama de comediante.


Y luego, un día, ocurrió lo que ninguno quería que pasara. Mi madre se despidió para siempre de nosotros.


Pero lo más triste fue no poder estar ahí en sus últimos momentos por culpa del trabajo.


Y así, la tumba de mamá su añadió al cementerio, junto a la de papá y mis abuelos.


La pérdida me destrozó completa, no podía dejar de llorar por mi madre, pero al menos me servía de consuelo pensar que había vivido bien.


Pero las lágrimas tuvieron que esperar, porque era el cumpleaños de mi preciosa hija mayor, Ariel, que creció preciosa.



Y como ya era mayor, necesitaba su propia habitación, así que redecoramos el gimnasio de mi padre que llevaba años sin ser usado para que fuera la habitación de Ariel.


Y como me daba mucha pena que el jardín de mi abuela se perdiera, y yo no tenía conocimientos de jardinería, contraté un jardinero para que se encargara de él.


Ariel y Noah seguían inseparables a pesar de que la mayor se hubiera hecho adolescente, siempre jugaban juntas.


—Pero mira que eres tonto, los piratas de verdad no caminaban por la tabla, ¡infórmate!
—¿Ah, sí? Pues a ti te huele el aliento


—Eres la mejor hermana del mundo.
—Y tú eres el mejor hermano pequeño que podría haber deseado.


Y muchas veces se iban juntas a los festivales de San Myshuno.


Cosa que la mayor aprovechó para probar la cachimba...


Con extraños resultados.


—¿Quién decía que había salido a papá? Mira, mira, ¡si soy igualita a ti!


Y con el tiempo llegó el cumpleaños de mi marido, Lucas, que dejaba atrás sus años mozos y empezaban los años de sentar cabeza.


Claro que seguíamos completamente enamorados y eso nadie podía cambiarlo.


Y después de Lucas le tocó a Noah, que por fin se convertiría en adolescente.


Ya era toda una mujer.


Y, al igual que su hermana, necesitaba una habitación propia, por lo que la habitación de mi madre también había estado sujeta a cambios y ahora era la de Noah.


Noah había empezado el instituto, aunque no le entusiasmaba especialmente.


Siempre había que llamarle la atención para que dejara de bailar con los dedos y se pusiera a escribir.


Y al final siempre los hacía rápido y mal para poder ponerse con la guitarra, que se había convertido en su instrumento favorito.


—Ariel, ¿tú crees que podrías pedirle un puesto de trabajo a tu jefe? Tengo muchas ganas de conseguir mi propio dinero.
—Supongo que puedo preguntarlo, pero ¿estás seguro de que quieres trabajar en una tienda? A veces acabo agotadísima.
—Sí, estoy seguro.


Y así fue como Ariel y Noah empezaron a trabajar en la misma tienda, vendiendo y doblando camisetas. Era un trabajo duro, y volvían agotadas, pero estaban muy contentas de ganar su propio dinero.


Con respecto a mi vida profesional, por fin estaba empezando a ganarme la fama.


Y cada vez eran más comunes los trabajos en fiestas o solares.


Razón por la que mis hijas decidieron que mi cumpleaños tenía que ser por todo lo alto.


Y se esforzaron muchísimo para que fuera la mejor fiesta de cumpleaños del mundo. Pero yo no necesitaba nada más que a mi familia.


Y al final llegó la hora de soplar las velas.



Noah pasaba poco por casa, la mayoría del tiempo o estaba en clase o trabajando, o se iba al centro de las artes de San Myshuno, a poder practicar la guitarra con tranquilidad y en un solar que tuviera una acústica mejor que la que podíamos conseguir en casa.


Claro que ella no era la única que frecuentaba la ciudad. Cada tanto acudíamos a los famosos festivales, como el de las trastadas y las carcajadas, en el que mis dos hijas y yo nos habíamos aliado para vencer al equipo de las trastadas.


Por supuesto que acabó ganando nuestro equipo.


El tiempo pasaba muy rápido, y cuando me quise dar cuenta ya era otra vez el cumpleaños de la mayor. Ya era una adulta, había acabado el instituto y el trabajo de dependienta y estaba empezando a poner rumbo a su vida.


—Oye Noah, ¿qué tienes pensado hacer cuando acabes el instituto?
—Voy a ser propietario. Compraré una tienda, y venderé todo tipo de instrumentos y objetos de música en ella. Lo complicado va a ser conseguir el dinero para comprar la tienda...


Y así como la mayor creció, le tocó a la pequeña, que dejaba de serlo de manera definitiva, pues ya era toda una mujer.

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