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Surten De Soita III
Bebé en pañales
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Capítulo 21: En la flor de la vida

el Miér Jul 05, 2017 4:32 pm
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Como casi siempre, la vida de la familia pasaba sin mayores acontecimientos negativos. Hacía mucho tiempo que no sufríamos un ataque de Kara, y la gente empezaba a tranquilizarse. Hasta Rk-9 empezó a ocupar su mente en otras cosas, como la costura.


Y Kalea, que seguía demostrando día a día su amor a la naturaleza. Cada día salía fuera y cuidaba de sus plantas.


Todos en la familia estaban felices, tocando música y centrándose en sus hobbies y trabajos.



El amor entre Adel y David seguía tan fuerte como lo era en sus años de universidad.


Y el éxito laboral era el pan de cada día, Arfen había sido ascendido ya tantas veces en su trabajo como policía que dejé de intentar recordar en qué puesto estaba.


Y como siempre que pasa el tiempo, la gente crece, y llegó el cumpleaños de la menor, Keela, que dejaba de ser tan menor.





La que estaba empezando a actuar de manera extraña era Henia. Los primeros años en los que era vampiresa no podía dejar de controlar su sed, cosa que cambió con los años, pero esta última temporada, su apetito parecía más... activo de lo normal.


Con el tiempo, Adel empezó a pensar en el legado familiar. Y por legado, quiero decir Yo. Una vez más, cambié de cabeza y me puse a acompañar a la generación más joven. Kalea era ahora la heredera de la familia.





Y la verdad, no noté demasiada diferencia, aparte de la experiencia. Kalea era aún joven, pero se esforzaba muchísimo, igual que su madre. De tal palo, tal astilla.



Y no solo en los estudios, pues también había conseguido un trabajo en una firma de arquitectos. De momento lo único que hacía era trabajar a pie de obra, pero algún día llegaría a estar en lo alto, diseñando sus propios edificios.



Pero Kalea no era la única que trabajaba. Keela también se buscó un trabajo en el mundillo del periodismo, gracias a sus exitosos blogs de internet.



Y aún yendo a un colegio privado por las mañanas y trabajando por las tardes, tenían tiempo para divertirse. Kalea había conocido a un chico, Jacobo, y parecía que iban en serio. Tan en serio como puede parecer que van dos adolescentes que no tienen ni idea de lo que hacen.



Pero ya he estado por muchas cabezas y visto a mucha gente vivir como para no ver el amor donde lo hay. Cosa que me molesta, porque por alguna razón parezco haber sido programado para detestar las muestras de afecto.



Para cuando llegó el verano, las dos adolescentes de la casa tenían tanto tiempo libre que no sabían cómo gastarlo. Aún trabajaban, sí, pero el curso había acabado y las dos lo habían terminado con sobresalientes, así que se pasaban las mañanas en la piscina, aprovechando el sol y calor que sólo el desierto de Las Rarezas podía dar.


Mientras que por las noches salían de fiesta por el centro urbano a divertirse.





Aunque la que más disfrutaba de la vacaciones era la menor, Keela, pues Kalea ya se había graduado del instituto y empezaba en serio su carrera en arquitectura.


Y ya empezaba a hacer sus propios proyectos a nivel personal, pues aún era demasiado novata para encargarle un proyecto serio a ella.



Eso, claramente, sin olvidar su amor por la naturaleza. Me había hablado de sus ideas y conceptos. Tenía pensado unificar ciudad y naturaleza de manera que ambos se simbionticen. Me alegraba ver que tenía buenas ideas, y que era ambiciosa.



Y, como siempre pasa cuando una generación empieza a hacerse cargo del presente, la generación que había estado a cargo durante la etapa anterior dejaba paso, cosa que fue muy obvia cuando David y Adel se llenaron de canas.





Habían pasado de ser una pareja de adultos muy enamorada hasta el punto de dar repelús, a ser una pareja de ancianitos adorables que se querían.



Por lo que se refiere a mi compañero robótico, se presentó voluntario para acabar con la pereza en la familia, empezando por la menor de todos que cometió el error de decirles a sus padres que se aburría un día por la mañana.



Aunque el que más en serio se lo tomaba era Arfen, que necesitaba estar en el mejor estado físico posible por su trabajo.



Hasta que finalmente el esfuerzo dio sus frutos y llegó a Capitán Heroico, el más alto de los puestos en la carrera de cuerpos de seguridad.



Pero el trabajo no lo era todo, o al menos de eso se dio cuenta al llegar a la cima: Le faltaba muy poco para llegar a la edad de jubilarse y aún no había formado una familia. Intenté decirle que eso no era necesario, pero no me hizo caso, y se puso manos a la obra a buscar a su chico ideal.


Hay que decir que las prisas se vieron potenciadas cuando Kalea finalmente se convirtió en toda una adulta hecha y derecha, pues si ella se volvía adulta significaba que él estaba en las últimas. Ya había envejecido su hermana y le tocaba a él.



Muchísimo más fácil que Arfen lo tuvo su sobrina, que ya tenía a alguien con quien envejecer, y sólo era cuestión de tiempo de que pusieran un anillo en el dedo del otro.


Pero Kalea me sorprendía, pues no tenía la misma prisa que todos sus antepasados, y me aliviaba. Ella parecía amar mucho más a la naturaleza en general que a una persona. Las plantas se habían convertido en su vida.



Hasta que un día...



Las plantas y ella se hicieron una. 



Había oído de casos en los que un sim y sus plantas alcanzan una relación tan potente que el sim se vuelve uno de ellos. Claro que siempre pensé que sería algo menos literal.



Aún así, la familia había visto cosas tan extrañas ya que se tomaron eso como una curiosidad y su vida siguió su rumbo. Ni a Jacobo pareció importarle cuando le pidió matrimonio.







Claro que al principio costó acostumbrarse a su nueva vida. Ya no tenía que dormir y se pasaba las noches despierta, pero aún necesitaba energía que conseguía a través de la luz solar; ya no hacía falta que comiera pero pasar un rato sin agua podía ser devastador, y sus necesidades afectivas se vieron potenciadas. Al final fue necesario instalar luces de invernadero por toda la casa para que pudiera hacer vida normal sin tener que salir a que le dé el sol todo el tiempo.



Y, como se acababa cansando de beber agua a cada rato y sus papilas gustativas no habían desaparecido, tuvo que recurrir a maneras más agradables de hidratarse que no sea pasarse el día entero en la ducha, por lo que empezó a hacer zumos para toda la familia con las cosas que recogía del huerto.



~~~~~~

Las puertas de la habitación de Kara se abrieron mientras ella estaba aún en la bañera, y dejó ver a Uno, que había entrado con rabia a la habitación.



Kara: Vaya, Uno, no esperaba que volvieras. Lo siento pero tu puesto está cogido ya.
Uno: No he vuelto para trabajar contigo. Vengo a matarte de una vez por todas.



Kara: Lo sé. ¿O te crees que no tengo contactos en la Aldea Takemizu? Parece mentira que no fueras capaz de ver detrás de la máscara. Para ser un anciano inmortal y omnisciente, no fue nada difícil matarle y poner a uno de los míos en su lugar. No me mires así, Uno, no podías pensar que realmente fuera tan fácil. ¿Hablar con mi hija a mis espaldas y trabajar juntos para matarme? ¿De verdad creíste que te dejaría irte sin tener a nadie observando cada paso que das?
Uno: Estás diciendo que...
Kara: Que ese "viejo" con el que hablaste no sabía la manera de acabar conmigo. El viejo que estaba en su lugar antes sí, por supuesto, pero por desgracia ya está muerto.



Kara se levantó y salió de la bañera, para luego seguir hasta su cama y tumbarse en ella, mientras Uno dejaba la vista en un punto muerto, horrorizado por haber sido engañado. Las puertas se abrieron una vez más y entró su anterior compañero y amigo, Dos.



Dos apuntó a Uno sin darle tiempo a reaccionar, y éste sintió cómo sus huesos se agarrotaban, evitando que pudiera moverse.



Dos: Hemos encontrado a Tyna también fuera. La hemos encerrado en la sala de interrogaciones. 
Kara: Muy buen trabajo.
Dos: ¿Qué hago con el traidor?
Kara: Mátalo, ya no me sirve para nada. Pero deja a mi hija con vida. Aún nos puede ayudar, incluso si se niega. Ah, y pon en marcha ya el plan. Hemos esperado demasiado.




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