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Surten De Soita III
Bebé en pañales
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Localización : En una isla

Capítulo 22: Más moscas se cazan con fuego que con lunas de miel

el Lun Jul 10, 2017 10:55 am
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La boda de Kalea fue el evento más anticipado de esa temporada, por lo que la celebramos con una ceremonia de verdad, o al menos eso dicen los demás. Para mi las ceremonias de verdad no tienen nada que ver con esto.


Pero se podía ver que los dos estaban muy enamorados, y eso es lo que importaba.


Los dos se dijeron cosas bonitas y finalmente intercambiaron los anillos. Si hubiera estado programado para que me gustaran las cosas cursis, habría adorado esa boda. Pero no lo estaba, así que me pareció una pérdida de tiempo más, como todas las cosas que hacían en esta familia.



Y. como es habitual, después de la ceremonia se fueron a la cama. Lo que no se esperaban es lo que pasaría después.



En mitad del asunto, escucharon ruido y gritos desde fuera de la habitación, por lo que los dos se vistieron lo más rápido que pudieron y salieron de la habitación, para encontrarse con que la casa estaba en llamas.



Sin pensárselo dos veces, decidieron salir corriendo hacia fuera, y se encontraron a todo el mundo en el salón, observando la puerta, en la que estaba Henia.



Las caras de todos los presentes mostraron el shock que sentían. No se podían creer lo que estaba pasando, pero Henia no tenía intención de dejarles pasar.
Henia: Ha sido una ceremonia preciosa. Sólo le faltaban fuegos artificiales. Así que os he traído fuego.
En ese momento reconocí la voz. No era Henia la que estaba hablando, sino Kara.


No había más salidas, solo la de la cocina, que era completamente inaccesible.


Pero ninguno de ellos perdió la calma. O al menos, no lo dejó ver. El shock imposibilitaba todo movimiento, y todo parecía perdido. Parecía que ese era el final.



Hasta que por fin alguien decidió moverse. Y cómo no, se trataba del policía de la familia. Arfen corrió hacia Henia, con intención de apartarla de la puerta.



Toda la familia observó esa muestra de heroicidad durante un segundo, hasta que siguendo las órdenes de Arfen, desalojaron la casa, justo a tiempo.




Ni Arfen ni Henia pudieron escapar, antes de que estallara una de las tuberías de gas y la casa quedara completamente cubierta en llamas.


Esa noche, cada uno de la familia durmió en la casa de algún amigo, y quedamos para encontrarnos frente a la casa al día siguiente. Cuando llegamos, no podíamos creer lo que estábamos viendo.



La casa había quedado completamente destrozada. Todo el duro trabajo que la familia había puesto en ese hogar, ladrillo a ladrillo durante las seis generaciones que habían vivido en esa casa. Desde la primera habitación con una cama y una nevera y poco más que había construído Âg con sus propias manos, hasta la mansión de dos pisos que toda la familia había creado junta con el paso de los años.



Todo había quedado inutilizado. Pero lo peor no había sido perder la casa, sino perder a dos miembros de la familia en la misma noche.



Fue necesario actuar con cabeza, y Kalea tenía mucho de eso. Así que propuso irse un tiempo la casa que habíamos comprado en la Isla Twikkii, mientras la casa de Las Rarezas era reconstruída según el diseño en el que ella misma había trabajado. Así que eso hicimos. En pleno luto, nos fuimos de vacaciones.



Estuvimos casi una semana en la isla. Fue difícil al principio, aún llorábamos a los que habíamos perdido, pero mentiría si dijera que la playa no había sido una buena idea.



El no tener que pensar en las cosas que nos preocupaban, no tener que ir a trabajar ni a la escuela ayudó muchísimo a la familia. Pudo tener la tranquilidad que necesitaba.



Y también sirvió para que la familia abriera sus fronteras y probaran nuevas comidas, propias de la zona.



Y para que hicieran un poco de turismo y se divirtieran mientras podían.



Además de ser la luna de miel de los recién casados, que por muy poco no llegaban a tenerla.



Pero todo se acaba tarde o temprano, y llegó el momento de volver a casa. O lo que quedaba de ella.



Pero para nada me imaginaría que la cosa habría quedado así.



Debo admitir que Kalea había hecho un magnífico trabajo a la hora de diseñar y decorar. La casa contaba con cuatro baños, tres habitaciones y sitio para hasta dos más, un segundo piso, y un sótano, en el que se encontraba la sala de juegos y entretenimiento, y un laboratorio.







Afortunadamente, el cementerio familiar sobrevivió, y pudimos enterrar ahí los restos calcinados de Henia y de Arfen.





Aunque al parecer, Kalea parecía muy autocrítica con su casa, porque no paraba de vomitar desde que había llegado.


Finalmente se confirmó lo temido: estaba embarazada.



La noticia del embarazo de Kalea llegó justo a tiempo para el cumpleaños de Keela, que ya pasaría a ser mayor de edad.







Y lo celebraron con una partida a las cartas en la sala de juegos.



Lo que le faltaba a la casa era la presencia de la naturaleza, algo que Kalea no pudo consentir durante mucho tiempo y acabó creando un jardín frontal precioso y lleno de plantas.



Lugar en el que le pareció apropiado dar a luz a su primogénito.



O primogénita, pues era una niña totalmente humana. Marea acababa de nacer, y ya daban ganas de apretujarla. A los demás. A mi no. Yo soy un robot, no tengo sentimientos. No muchos.



Y con la llegada de un nuevo miembro de la familia, llegaba la despedida de otro. Keela encontró su propio piso y se mudó.



Lo cual causó muchas nauseas a su hermana, que parecía que no podía separarse de-



Oh, venga ya.




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